martes, 6 de abril de 2010

EL HÉROE ROMÁNTICO


El personaje típico de la literatura romántica aparece con características similares en obras de teatro y composiciones poéticas.


Los protagonistas del drama romántico son un hombre y una mujer, con unas características que se repiten de forma similar en todas las obras:






  • Son seres heroicos, virtuosos y bellos que se enfrentan a la imposibilidad de su amor.




  • El héroe suele estar rodeado de un origen misterioso que al final suele revelarse como de procedencia noble, incluso emparentada con el antagonista.




  • La mujer reúne en sí todas las virtudes físicas y espirituales, pero el amor que ella enciende conduce también a la destrucción.




  • Los demás personajes son solo simples espectadores del amor trágico o actúan como oponentes a la consecución de ese amor.


Uno de los personajes románticos emblemáticos es don Álvaro, desdichado protagonista de Don Álvaro o la fuerza del sino, de Ángel de Saavedra, Duque de Rivas. Vamos a analizarlo de forma detallada:



La época en que transcurre la obra es el siglo XVIII. Don Álvaro es un indiano enriquecido que ha llegado a Sevilla dos meses antes de que comience la acción y en ese tiempo se ha labrado una gran fama: a caballo y a pie es el mejor torero que tiene España, dice Preciosilla, un personaje popular, en las escenas iniciales; y un majo le apoya: es todo un hombre, muy duro con el ganado y muy echado adelante. Ya en toda la ciudad corre el rumor de que está enamorado de doña Leonor, hija del marqués de Calatrava, pero que éste no permite la boda.



Una de las razones de esta negativa tiene que ver con el desconocimiento del origen de don Álvaro; de él solo se sabe qaue proviene de América, pero todo lo demás son rumores, algunos fantásticos: La otra tarde estuvieron aquí unos señores hablando de lo mismo y uno de ellos dijo que el tal don Álvaro había hecho sus riquezas siendo pirata (...) Y otro, que don Álvaro era hijo bastardo de un grande de España y de una reina mora... Y alguno incluso asegura que es un inca.



Está aquí presente uno de los rasgos principales del héroe romántico: el misterio sobre su origen, que tendrá una revelación fantástica. Así, en el duelo final entre don Álvaro y don Alfonso de Vargas, nos enteraremos de la verdad. Don Alfonso ha averiguado en Lima que el protagonista es hijo de un virrey del Perú, traidor a la corona de España, y de la última heredera del linaje de los Incas. Nacido en la cárcel, don Álvaro se crió y educó entre los indios y viajó a España para interceder por sus padres, condenados a cadena perpetua. Don Alfonso le informa de que el rey ha indultado a sus padres y de que su familia lo busca como heredero de su nobleza. Como vemos, la explicación supera cualquier conjetura fantástica que pudiera haber corrido por Sevilla en forma de rumor, pero introduce también un factor de desgracia: ya es tarde para evitar las desventuras que han ocurrido y las que se avecinan.



El misterio sobre el origen tiene implicaciones sociales. En realidad, el marqués de Calatrava no quiere casar a su hija con él por un prejuicio social, porque valora la diferencia entre una familia noble como la suya y un advenedizo sin origen reconocido, por mucho dinero que tenga. En el origen del drama nos encontramos, pues, con una injusticia motivada por diferencias de clase social. El sarcasmo trágico se produce cuando comprobamos que todo podría haberse evitado de haberse sabido el origen noble del protagonista.



El amor romántico es una pasión ingobernable. Se impone al hombre y a la mujer protagonistas con una fuerza indomable que conducirá al drama, a la catástrofe. Don Álvaro planea con doña Leonor una fuga para saltar por encima de la prohibición paterna. Pero la mujer vacila y retrasa la huida, lo que da tiempo al marqués a sorprenderlos. Don Álvaro, noble y gallardo, se niega a batirse con el marqués, pero cuando arroja la pistola al suelo, ésta se dispara y mata al padre de Leonor. Los amantes han de separarse: ella se retira a la sierra de Córdoba para redimir su culpa y don Álvaro, que piensa que Leonor ha muerto, se va a Italia.



Pero el hermano mayor de Leonor, don Carlos de Vargas, lo encuentra y lo desafía, en contra de la voluntad de don Álvaro que, sin embargo, no puede negarse al duelo. En él, muere don Carlos y don Álvaro es arrestado. Liberado por un ataque enemigo, el protagonista combate con desesperación suicida, buscando su propia muerte, pero esta no llega y decide regresar a España e ingresar en la orden franciscana, con el nombre de padre Rafael.



Don Álvaro, del mismo modo que ha sido un soldado ejemplar, se convierte en un siervo de Dios modélico, durante casi cuatro años. Pero nuevamente debe enfrentarse con una situación indeseada: don Alfonso de Vargas, el otro hermano de Leonor, lo encuentra en el convento y lo desafía a muerte. Igual que ocurrió con don Carlos, don Álvaro se niega, pero no puede evitar el duelo y termina hiriendo de muerte a su rival. Ambos piden socorro en una ermita cercana, de la que surge fantasmagóricamente doña Leonor. Don Alfonso, a punto de expirar, consigue apuñalar a su hermana, causándole la muerte. Don Álvaro no puede soportar el dolor y se suicida.



En esta sucesión de acontecimientos podemos observar algunas características del drama romántico. ElNegrita ser humano no puede luchar contra la fuerza del sino. El destino trágico, quizá como castigo por haber intentado la consecución de un ideal o de un amor imposible, actúa con toda su virulencia y arrastra sin remedio a los héroes. La fatalidad está presente en esa pistola que se dispara fortuitamente y desencadena toda la sucesión de muertes y venganzas. La casualidad hace que el lugar del duelo entre don Álvaro y don Alfonso esté cerca del lugar de retiro de doña Leonor. La impresión es la de que el ser humano lucha contra fuerzas oscuras, demoníacas, destructrivas, contra las que nada puede hacer.



Además, podemos constatar en esta obra un hecho paradójico. Siendo el amor el desencadenante del drama, los dos amantes solo se ven en dos momentos: en el inicio de su huida frustrada y en los breves instantes anteriores a su muerte. Durante toda la obra están condenados a la soledad: Leonor, encerrada en la ermita y don Álvaro, primero a la soledad de sus combates en busca de la muerte y en segundo lugar a la soledad de su retiro espiritual.



Así pues, como es propio de cualquier drama romántico, la muerte triunfa sobre el amor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario